El vínculo de escucha, verdadero periplo humano, obedece a una lógica precisa: conduce al hombre a erguirse como una antena cósmica destinada a captar lo que el universo le dice. Desde el feto, comenzamos en el lenguaje, la comunicación por intermedio del oído. Afirmar que el feto oye, que escucha y que se expresa en función de lo que oye, es hoy una evidencia en el universo uterino. El feto ocupa una posición privilegiada en materia de comunicación, de estructura de la personalidad y de integración del lenguaje, lo que condicionará su futuro existencial. La clave de la humanización reposa sobre la relación intrauterina. A través de la voz de la madre se construye la base de la comunicación y del lenguaje ulterior.
El paso de un óvulo fecundado a un ser humano nacido es la construcción más elaborada que conocemos. Para alcanzar la cumbre del ser humano, diferentes etapas nos permiten pasar de un estado a otro. Cada una de estas etapas constituye una progresión en el camino del ser.
El caso de Isabelle, en el origen de las investigaciones
Alfred Tomatis se orientó hacia el descubrimiento del universo uterino a partir del caso de Isabelle, una niña francesa de cuatro años, llevada a su consulta porque aún no había establecido relación verbal con su entorno. Su madre, durante los primeros meses de embarazo, hablaba en inglés. Se comenzó a dirigir a la niña en inglés, y poco a poco, restableció progresivamente la comunicación. Esta constatación le condujo a investigar la vida uterina por dos vías.
Victor Ewart Negus, laringólogo y anatomista comparativo, estudió los mecanismos de la laringe y descubrió que si aves cantoras eran incubadas por aves no cantoras, los recién nacidos tenían un 90 % de probabilidades de no cantar. Si eran incubados por madres de otra especie, tenían grandes posibilidades de equivocarse de canto y cantar como la madre que los había incubado. El profesor dedujo que un condicionamiento audio-vocal era posible en el huevo, y se interrogó sobre si ocurría lo mismo en el útero.
Lorenz, etólogo, en ausencia de la madre, se puso a hablar regularmente a huevos de pato. Al nacer, los patitos estaban tan sensibilizados a su voz que interrumpían todo cuando él hablaba. Reconocían la modulación que habían integrado durante el periodo prenatal. Podría ocurrir lo mismo en el ser humano.
Thomas, neurólogo neonatal, observó que, antes de que el recién nacido tuviera diez días, si se le coloca sobre una mesa y se pronuncia su nombre, no reacciona. Pero si es su madre quien lo dice, orienta su cuerpo hacia ella y bascula de ese lado. Esto es lo que se llama la «señal del nombre».
Los trabajos sobre el fundamento de los niños condujeron a analizar los sonidos emitidos por los recién nacidos. Una maduración tal del sistema vestibular y del juego de las contra-reacciones de la audición sobre la producción ya estaba presente, sugiriendo que los procesos que rigen la audición y los que deben inducir el lenguaje ya eran determinantes antes del nacimiento.
Oír versus escuchar
Oír y escuchar son dos procesos distintos (definidos en detalle en el Módulo 2). Oír es pasivo, involuntario y no selectivo. Escuchar es activo y voluntario. Permite un análisis rápido y preciso de los sonidos. Es una percepción selectiva y voluntaria. Escuchar implica pues un deseo de comunicar. La escucha es una facultad que se implanta sobre el aparato auditivo. El oído capta los sonidos que le invaden, pero ello no significa que desee aprenderlos, almacenarlos, memorizarlos o integrarlos. La voluntad caracteriza la facultad de escucha: el deseo de comunicar con todo lo que le rodea para percibir el soporte sobre el cual toda manifestación encuentra su fuente —la vida.
El ruido de la vida y la banda frecuencial embrionaria
Tomatis designaba bajo el nombre de «ruido de la vida» un fondo sonoro continuo situado en las muy altas frecuencias, que asociaba al movimiento browniano —vibración molecular omnipresente. Postulaba que la banda frecuencial preferente del embrión se extiende de 3.000 a 4.100 Hz hasta 35.000 Hz, en vínculo con el hecho de que el órgano de Corti comienza su desarrollo en la base coclear (zona de los agudos). En esta perspectiva tomatisiana, esta zona ultra-aguda constituye el sustrato vibratorio primordial del viviente. El niño vive esta primera modulación a través de la voz de la madre. Un diálogo se instaura entre él y su madre sobre este fondo sonoro que constituye el «ruido de la vida». Es en la búsqueda de estos sonidos originarios donde debemos ir para reencontrar nuestra plenitud interior, la calma y la serenidad.
La voz de la madre — pasta sonora del lenguaje
Para que el feto evolucione hacia las estructuras lingüísticas postnatales, la voz de la madre es indispensable. El amor materno es una necesidad imperiosa para la expansión del niño, para que su ser se ponga a vibrar y a manifestar su presencia. Su calidad y su intensidad determinarán en gran parte el comportamiento ulterior del niño cuando se convierta en hombre. Es la voz de la madre, percibida más allá del lenguaje, sin semántica, la que subsiste tras el nacimiento —con su timbre, su cadencia y su ritmo—, que el niño reconocerá desde su nacimiento.
Esta voz materna constituye, sin duda alguna, la pasta sonora sobre la que se modelará el lenguaje. La madre expresa sus experiencias, sus sentimientos y en particular su amor materno a través de su voz —un material acústico muy específico, percibido de manera singular por el niño. La voz de la madre, y no su lenguaje, es modulada como si, sobre una señal sonora continua, se superpusiera otra discontinua. Esta discontinuidad es provocada por los elementos silábicos y prosódicos.
Los bloqueos emocionales aumentarán la viscosidad del paso de la información a través de estos núcleos talámicos; la percepción del mundo circundante se verá oscurecida en caso de traumatismos psicológicos. Esta proyección se realizará vía los núcleos grises centrales, particularmente talámicos, que deben estar libres de toda carga emocional o congestión afectiva —de lo contrario, los bloqueos impedirán la instalación de verdaderos estados de alma que impidan al ser naciente acceder al estado de conciencia pura.
El desarrollo neurológico fetal
A medida que el sistema nervioso se completa —cuando los haces motores aparecen hacia el 4,5º mes de vida fetal—, entonces solamente las respuestas motoras comienzan a ser registradas, más allá de la vida vegetativa de su madre. El feto percibirá a distancia la voz que transmite el mensaje afectivo. Este diálogo se establece por transmisión ósea, que sirve de filtro adaptado a la escucha uterina, para la cual el órgano de Corti está organizado para escuchar selectivamente. El trayecto óseo favorece el paso de las frecuencias agudas —en particular los armónicos de la voz materna—, conforme al modelo de filtración tomatisiano.
El oído interno está terminado hacia el 4,5º mes de embarazo. El proceso de mielinización comienza, haciendo funcional el sistema neuronal. La célula auditiva transforma la información en energía y la transmite al sistema nervioso. La función del lenguaje se apropia del sistema nervioso por una puerta de entrada especialmente adaptada: el oído. Actúa por dos vías: la vestibular (órgano de relación espacial, concerniendo sobre todo al embrión) y la coclear (concerniendo al feto e interviniendo sobre el área cortical).
El nacimiento — paso de una escucha líquida a aérea
Al nacer, el niño se ve obligado a cambiar su manera de escuchar: ya no oirá a través del agua. Un cambio de medio, de transmisión, exige una acomodación. Según el enfoque tomatisiano, el feto percibe preferentemente los armónicos agudos —una hipótesis coherente con los datos actuales sobre la atenuación de los graves por el medio líquido y el filtro pasa-altos de los tejidos maternos. El oído retiene del líquido amniótico durante 10 días para continuar funcionando correctamente, luego se seca progresivamente, haciendo la audición más deficiente. Entonces, el oído medio se pone en marcha, permitiendo poco a poco una audición correcta. Si un problema sobreviene, el niño puede rechazar entrar en el mundo de la escucha y de la comunicación.
Desde la concepción hasta el nacimiento, asistimos a la elaboración de una estructura que conduce al ajuste del oído interno y del oído medio. Del nacimiento a la madurez, la apertura de la percepción auditiva se hace progresivamente, hasta la edad de once años. Al nacimiento, asistimos a un verdadero «parto sónico»: el oído externo y medio deben adaptarse a la impedancia del aire circundante, mientras que el oído interno permanece en medio líquido.
Existen antenas invisibles que unen al niño con su madre. El psiquismo del niño ya está muy formado y es muy poderoso. El cerebro está virgen, por lo que todo se integra con una gran fuerza. Está en resonancia con el psiquismo de la madre, incluso sin conexión neurológica directa.
La psicogénesis del lenguaje
El primer lenguaje es la ley de la empatía en el útero —comunión íntima entre la madre y el feto, vínculo de amor que trasciende el lenguaje. No hay lenguaje si la primera comunicación no ha sido establecida. Esta primera comunicación es el motor primero y esencial de la evolución lingüística ulterior. Alfred Tomatis reprodujo los sonidos intrauterinos y observó las profundas reacciones psicológicas que desencadenaban, revelando las posibilidades que ofrecen estos descubrimientos a la psicología, la psiquiatría, la pedagogía y la lingüística.
Ciertas estructuras psicológicas pueden reposar sobre cimientos frágiles, mal elaborados durante el periodo uterino. Este desequilibrio puede estar en el origen de nuestros problemas —una distorsión de la función de escucha.
Cómo escucha el feto — resumen
El feto escucha con un oído completamente formado y operativo a partir del 4,5º mes, inmerso en un medio líquido —lo que implica una transmisión sónica con las frecuencias graves atenuadas— y con toda la piel recubierta de vello, que funciona como si las células cutáneas fueran células de Corti con un solo cilio. Es un ser que es casi un órgano del oído. Según este modelo, la estimulación sonora principal provendría de los armónicos agudos de la voz materna, transmitidos por conducción ósea. Mediciones sugieren que la intensidad sónica es máxima en la base de la pelvis — lo que podría explicar la posición cefálica adoptada al final de la gestación. En la perspectiva tomatisiana, los esquemas de base de la escucha se encontrarían así engramados antes del nacimiento.
El papel del padre
El papel del padre es muy importante. ¿Quién mejor que él puede hacer feliz a su hijo a través de una madre feliz y segura de sí misma? Un proverbio chino dice: «Si la madre porta al niño, corresponde al padre portar a la madre y al niño.» Un adagio occidental dice: «Si no porta al niño en su cuerpo, puede portarlo en su corazón y sus pensamientos.» Entonces, el niño se sentirá amado, esperado, reconocido, y se abrirá confiado a las fuerzas de la vida. El padre puede reservar un momento para un tiempo de amor con su hijo, para hablarle, decirle cuánto le ama. La futura madre puede también, a lo largo del día, comunicar con su bebé mediante caricias, palabras, teniéndole presente como si ya hubiera nacido. El niño es un adulto en potencia. El hombre es un sistema nervioso que, durante la infancia, se desarrolla constantemente, se amplifica, se vuelve más complejo, esperando un alto destino: la escucha.
Durante los tres primeros años, la fuerza de atracción de la madre es muy poderosa. Pero a partir de los cuatro años, el dominio del lenguaje le propulsa al universo de los hombres. En ese momento, el encuentro con el padre se vuelve determinante.
🎯 Quiz — Módulo 9: Vida Intrauterina
⚠️ Valida este cuestionario antes de continuar.
P1. ¿En qué mes de embarazo el feto posee un oído maduro?
A) 3 meses
B) 4,5 meses
C) 6 meses
D) 8 meses
P2. ¿Qué es el ‘reflejo del nombre de pila’ (André Thomas)?
P3. ¿Qué sucede después del 10.º día de vida en el plano auditivo?
P4. V/F — La ‘noche uterina sónica’ es patológica.
✅ Respuestas
1. B) 4,5 meses — a partir de ahí, el feto percibe activamente su entorno sonoro.
2. Antes del 10.º día, si la madre llama al niño por su nombre de pila, el lactante gira su cuerpo hacia ella. Este reflejo desaparece después del día 10, cuando la trompa de Eustaquio se vacía del líquido amniótico.
3. La trompa de Eustaquio absorbe el líquido amniótico → el oído pierde su afinación a las frecuencias líquidas → eclipse acústico (noche uterina sónica): el bebé deja de percibir las frecuencias medias y altas durante algunas semanas.
4. Falso. Es una fase normal del desarrollo auditivo. La terapia Tomatis se inspira en ella para la fase RSM: reproducir esa regresión controlada antes del ‘nacimiento sónico’.